nox ambulāre

Lo soñé. No se si antes o después, todo se volvió tan confuso. Todo tan cercas y tan lejos de esa pequeña línea que divide la realidad de la imaginación. 

Estaba yo, y muchas batas blancas a mí alrededor, me escondía, gritaba, pataleaba, nada sabía y nada quería saber. Debajo de la mesa sólo escuchaba “no seguirá, no seguirá”. La imagen de un cuerpo tirado, zoom hasta debajo de la piel: al corazón. En el corazón una mecha ardiendo, se apaga, se sigue de un pitido mortal. Por primera vez me levanto pero sigo mirando a mis pies que en ese momento parecen esconder el secreto de la eterna juventud. No sé nada, no sé si quiero saber, no sé y no sé. Alguien me dice “¿no entiendes que ya no es está?” ¿Quién?. “Tu madre”. Levanto la vista por primera vez. Ahí está acostada, su cuerpo sin vida se desvanece, no quedan más que cenizas. 

Me levanto sobresaltada, ¿realidad o ficción?  Me ducho rápido, la veo y sigue viva, eso no me tranquiliza por que su muerte ficticia no fue lo que me descontrolo.

Es de noche, me revuelco en mi cama mientras en mi cabeza se repite la misma película. 

Ésta vez el final es diferente. Ésta vez mi cara dice que no me lo creo, que estoy triste. Pero mi alma grita por que ahora es libre. Una flor negra nace  en mí corazón.

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Soñado y escrito en 2006.

Originalmente publicado en Muebles e Interiores 12/11/11

Relato 11 en la antología AmorOdio