Para salir corriendo un pantalón y unos tenis. Una mochila donde guardar un suéter, un libro, algo de dinero y las llaves de la casa. Algún aparato para escuchar música. Para salir corriendo mejor no tener dirección.

Caminé muchas calles, siguiendo la dirección del transito y nada más. Sin pensar más que en la letra de las canciones que iban sonando, y a veces ni eso. ¿Qué pasó con aquello de que todas las canciones hablaban de amor? ahora no dejan de decir otras cosas, de ponerme a pensar… Alentarme a seguir caminando hasta que duela.

¡Hey! ésta calle la reconozco. El nombre, el sentido de circulación, algunos establecimientos, escuelas, farmacias, cosas. Todavía no duele pero sin querer me voy deteniendo, recordando la primera vez que pise este suelo. Y sí, mi velocidad es tan baja como aquella vez y mi mente está tan llena de cosas, que se parecen mucho aunque son distintas. O tal vez son la continuación.

Esa vez sabía a lo que iba, pero no a dónde. Ésta vez lo sabía todo.

Pasé de largo.

Seguí caminando, esperando que doliera.

Original en Muebles e Interiores.

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