No sé, te amo.

¿Por qué te alejas de mí? Déjame llegar a ti, demostrarte lo que podemos lograr juntos, lo bueno que podemos hacer. Te vas sin darme oportunidad, sin ver sí vale o no la pena. Te cierras. No me miras. Yo te observo, siempre. Incluso cuando tus acciones me dejan un mal sabor de boca, yo igual quiero poseerte, llevarte de la mano, que estés siempre en mi mirada.

Nada más te pido un pequeño favor: permítete ir conmigo, aunque sea una sola vez. Dame oportunidad de entregártelo todo, por favor.


Originalmente publicado en Muebles e Interiores 25/04/13