Me llaman octubre

Esa conversación de alto nivel, discusión siempre de ideologías tomadas de alguien más pero con el toque personal, la visión de lo que una utopía es y de hacia dónde debe dirigirse el mundo… No es que esté en contra, no cree que se está bien en está vida de supervivencia, de muertos vivientes, es sólo… es que no podría decirlo como ellas, intenta y se autoescucha tan tonta. Ni que lo hiciera por pertenecer a algo, pero bueno, así se siente. No podría, no puede, no podrá.

Ya lo sabe, sigue pensando en él porque se enamoro como las chiquillas de quince años, o de trece, de esos enamoramientos que podrían durar toda la vida, siguiendo incluso cuando duelen. ¿Cuándo duele? al verlo con ella que sí sabe hablar, y pensar, para vivir. Ella lo merece más. lo sabe.

 

 

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Originalmente publicado en Muebles e Interiores

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Para ti.

Ninguna de sus amigas, ni aquellas de mayor edad, usarían medias de liguero, menos con vestido, ni para darle una sorpresa al novio. Lo sabe porque preguntó, o lo comentó viendo alguna película en la que alguien se vestía así. Recuerda que en algún momento de su vida dijo que las usaría, pero no las que llevan moño en la parte superior, demasiado de regalo, dijo. Ahora las está usando. Media negras, con algunos corazones pintados y los moños rojos arriba de todo, abajo de las nalgas. “Abre tu regalo, adelante”. El liguero, nada más, sin pantaletas, también es negro, de encaje, con una especie de cierre atrás, “Para que sigas abriendo regalos”. El vestido no es corto, es más, ni se alcanzan a ver los moños al menos que sepas que están ahí.

Por un momento se acuerda de sus prejuicios, de las amigas, del sujeto en cuestión, ya que no es novio. Se siente mujer fácil. Se siente ha punto de cambiarse y ponerse cualquier otra cosa.

Desiste. Se va exactamente como ya está vestida. Sólo que no se lleva los tacones más altos, ni abusa del maquillaje. Se sigue sintiendo.

En casa del amor, o amante que es lo mismo, le dices sexy y le dan besitos. Cuando está sirviéndose más ron, se paran atrás de ella y la agarran por la cintura mientras le muerden el cuello “Lindo vestido”, le dicen al tiempo que la mano baja a la cadera, y de ahí hacia el centro de su sexo. Le levantan el vestido y por fin ven los moñitos, “No me hagas eso”.

Ahora se siente deseada de una manera que nunca antes.

 

Originalmente publicado en Muebles e interiores