Last kiss

El primer beso se sabe. Quiero decir, es todo un momento y sabes que ese será el desenlace*. No se supone que sepas cuál será el último. Bueno, tal vez uno de los dos lo sabe, o quizá es un beso después de decir “esto es el fin,” y entonces está claro.

Les iba a escribir una ficción basada en cuando volví a ver a mi eterno ex (Me Apendeja). Fue un día después de que alguien me dijo “tú y yo, fin.” Algunas personas se atascan de chocolate y helado; otras, van a cenar, y beber, con su ex. Una enorme casualidad, porque ya no quedan casualidades buenas, solo hay de éstas. Ajá, como con las sopas.

Hace semanas me di cuenta de que hace bastante tiempo no lo besaba a él. No sólo porque hace más.que.bastante.tiempo terminamos, para siempre, sino es que las últimas veces que lo vi, hubo de todo menos besos. Bueno, hubo, pero de esos a la mitad de otra cosa que son sólo para conseguir otra cosa.

Entonces el punto de la historia iba a ser sobre el último beso de dos personas. Un beso muy inocente y fugaz, ambos sabiendo que no debería ni de ser, así que por supuesto es el último importando poco lo que suceda después. Claro que el personaje en esa historia, posiblemente, no iba a estar un poco ebrio, ya que yo sí estaba un poco ebria. Ebriamente besando al eterno ex el día después de agregar a alguien a la lista de ex-lo-que-hayan-sido.

Creo que ya se me olvido el punto de esta historia; digo, narración de la verdad verdadera.

*Al menos que sea con una persona que se autosabotea y sí le sabe a eso de quitarse cuando le toca, y ponerse cuando no. ¡Hola tú!

Originalmente publicado en Muebles e Interiores

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