El sueño.

No vas a saber responder. Cuando te pregunten qué sucedió, simplemente no vas a saber responder.

Viste que alguien estaba molestando a tu amiga, prácticamente acorralándola contra la pared, y supiste que tenías que hacer algo; no esperabas que fueses a terminar golpeando a alguien, eso fue mero impulso. Quizá decidas quedarte con esa historia, alguien estaba acosando a una mujer, alguien tenía que ser castigado, que hubiese una lección y consecuencia a sus actos.

Lo hubieras hecho por cualquier mujer, amiga o no; eso es lo más importante, que no lo hiciste por tratarse de ella, porque ella es sólo una amiga. La misma amiga que después te acompaña a la enfermería de la escuela, se queda contigo y no dice nada cuando la enfermera pregunta qué sucedió. De hecho, no dice nada hasta que se quedan solos en la pequeña habitación.

-Sabes que no podía no hacer nada. Sabes qué

-Yo lo sé. Lo sé. -Y de nueva cuenta ese silencio que darías lo que fuese por matar, pero tu mente está literalmente en blanco. -Gracias, no por golpearlo por… porque te importa ¿sabes? Ojalá dejara de molestarme.

-¿Crees que lo haga de nuevo?

-Pues sí, sabe que no es como… que no hay quién lo golpee siempre.

-Paloma siempre se queja de sujetos que la acosan en la escuela.

-A eso me refiero, en parte. Digo, ella tiene novio, todos saben que ella tiene novio. Así que ese sujeto volverá a molestarme en cuanto le deje de doler la cara.

-Al menos lo intenté.

-Lo golpeaste.

-Pues —Lo que fueses a decir, se pierde en el remolino de pensamientos y latidos agitados provocados por ella acercándose a la camilla en la que estás sentado, sólo que ella se queda de pie, toma tu mano y la examina por un momento antes de decirte que mires cómo quedo. -No se ve tan mal, ¿o sí?

-Pero se ve mal. -Sigue sosteniendo tu mano cuando levanta la mirada, se miran y se van acercando como en predecible y aburrida película, más aun dado que en aquel momento la puerta de la pequeña enfermería es abierta. Es la doctora que regresa con la radiografía y dice que todo está bien, que tienes que tomarte algunas pastillas para el dolor y pomada para la inflamación, pero no habrá mayores problemas.

Agradeces a la doctora y salen rápida y nerviosamente de ahí. Avanzan por los pasillos de la escuela sin tener que decir y te pateas mentalmente por no encontrar un tema, por siempre dejar que todo se ponga raro con ella, por estar tan al pendiente de ella. Algo te dice que no deberías. Más bien, los amigos que te han preguntado al respecto son quienes te dicen que no deberías, y menos si vas a continuar diciendo que son solamente amigos.

Incluso si ahora mismo, mientras caminan en silencio por los pasillos de la escuela, no lo parece, son amigos. Del tipo que puede platicar durante horas sobre cualquiera de los muchos intereses que comparten. Es sólo la amiga por quien golpeaste a alguien, y a quien has estado cerca de besar en repetidas ocasiones, sin que eso les borre la etiqueta y realidad de amigos. Es ella quien por fin rompe el silencio, diciendo algo que suena a “tengo que irme,” pero tu parece que has escuchado “bésame” y es justo eso lo que haces cuando se acerca a ti para despedirse.

La besas, como un impulso contenido, una olla a presión que se tapa y un día revienta. La besas con todas las ganas que intentas ignorar. La besas queriendo tocarla, acariciarla, tenerla más cerca. La besas hasta que ella te rechaza y sigue caminando en silencio. Tú caminas a su lado porque, como ya quedó claro, no sabes cuándo parar.

-¿Por qué – Pero no puede terminar de preguntar porque entonces llega alguien, llega a abrazarte, o para que la abraces y  le sonrías como idiota. -Hola Paloma.

-¡Hola! ¿qué te pasó en la mano?

No sabes que contestar, entonces ella lo hace por ti y tú quedas como el príncipe, el caballero de brillante armadura. Sabes que no dirá nada del beso nunca y te sientes peor que aquel idiota que la estaba molestando. No pasa mucho tiempo antes de que ella diga tener algo que hacer, que quizá es verdad, y te deja tomado de la mano con tu novia.

{fin}

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Quédate con tu flor.

La historia de su primer beso, es también la historia de su primera vez. Sí, en la misma escuela de la primera vez que se vieron, aunque ninguno lo notase. De la primera vez que hablaron, él la juzgo de fresa y ella supo que lo quería para coger; y de la primera vez que estuvieron juntos y solos, que de hecho, fue lo que sucedió antes de su primera vez.

Un ataque de hormonas, gestado a raíz de plática sobre pintura, literatura, diseño y política. Él juraba que mujeres tan bonitas, sólo podían ser huecas; y las mujeres interesantes, eran feas. Nunca lo va a admitir, tampoco le dirá de todas las veces que le hizo honores nocturnos, mientra que él sí sabe de todos los poemas y fotos eróticas que ella le dedicó.

Se quedaron solos, ella se acercó y no paró hasta convertir lo casual en una batalla por quién lograba arrancar más gemidos. A discreción del lector decidir si ganó él, por hacerla venir con pocas metidas y antes de él terminar; o ella, por provocar un sonoro orgasmo, en menos de 10 minutos, utilizando sólo lengua y dientes.

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Magia

Que te vaya bonito.

Que les vaya bonito.

Lo digo con sinceridad. Que si ella te gusta, tú le gustes.

Que si se gustan, se quieran. Que sepan quererse más cada día

y ninguno huya a la primer adversidad, que crezcan con ello.

Yo no tengo ni idea de cómo funciona  una relación duradera,

menos una sana como  espero sea la tuya con ella, así  que

sólo  puedo pedir que te vaya bonito.

Que les vaya bonito .

Si han de terminar, pido también  que  se recuerden bonito,

felizmente de saber que lo intentaron, que se atrevieron

a verse a los ojos, tomarse de las manos y saltar.

 

 

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Ibiza

Los primero acordes de Protect me from what I want, los primeros recuerdos en mi mente. La última vez que te vi, de las pocas veces que la espera la hiciste tú. Pero antes de recordar el picor de tu barba, los escalofríos provocados por que me susurraste al oído, recuerdo todas las veces que ibas manejando, yo en el asiento de copiloto, Placebo sonando en el estéreo. No siempre era Placebo, así como no siempre hablábamos de otras ciudades. Algo más constante era mi mano acariciando tu entrepierna por encima del pantalón de vestir, y cualquiera de los dos intentando darle libertad de seguir creciendo a tu pene. También recurrente, tu discurso de cómo no tienes preferencia sobre faldas o pantalones, siempre dicho mientras tu mano aprovechaba la ventaja de las faldas, a veces acariciando sólo los muslos y otras, llegando hasta mis labios vaginales mientras yo abría más unas piernas que nunca se han querido cerrar cuando se trata de ti. La primera vez no quería que me tocaras ni las manos, menos ibas a sugerir que metiera tu pene en mi boca mientras conducías. Lo que hace que el video clip de recuerdos musicalizados sincronizados con Protect me… terminé con el recuerdo de la primera vez, nuestra primera vez, mi primera vez, mis nervios, tu cama, la película que no terminamos de ver, tus labios, el chocolate, la primera vez, de solamente dos, que pensé “sexy” al ver a un hombre, la primera vez cuando no sabía que fuese buena dando mamadas y menos imaginaba que algún día te estaría dando una en tu carro estacionado fuera de tu casa, con personas pasando por la acera o jugando en el parque.

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La ficción.

Un millón de imágenes del día anterior vuelan por tu cabeza mientras esperas que la cafetera terminé el ciclo. Primero, ella dormida a tu lado, su cabello revuelto, la ropa en el suelo, una sábana que apenas cubre y la imaginación, o el recuerdo, de la piel con piel. Recuerdo de una noche de poesía, de entender cómo se hace poesía al final de una fiesta, bajando las escaleras, abordando un automóvil, pasando por calles sin nombre,v viendo las luces parpadear, hablando de nada, aprovechando las luces rojas para besar. Poesía en el suspiro que surge al llegar a casa, en las risas nerviosas, en las miradas que dicen más entre menos distancia las separe. Poesía al besar, acariciar, quitar ropa, lamer, besar, morder, recorrer sin prisa como si la eternidad no existiera, desnudarse mutuamente, observar, acariciar, abrazar, desnudar por completo.

Ella se despertó pidiendo café, a lo que tú sonreíste, igual que sonríes ahora mientras esperas. Sonrisa que te dura hasta que suena tu teléfono y lees un mensaje de

“Feliz cumpleaños bebé, TE AMO! TE AMO!
 

Estoy feliz de compartir otro año contigo, otro festejo. Gracias por dejarme ser parte de tu vida, por quererme cada día de una manera que nunca nadie había hecho. Ya te quiero ver y abrazar, besar, mucho mucho mucho!!! Te amo, mi amor 😀 Muchos abrazos, muchos besos, mucho amor”

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Y ahora puedes volver.

-Ella es… es como… es…. imagina todas las luces apagadas, solamente una esta prendida. No un punto, no, una luz con una fuerza, con una fuerza que tienes que verificar para estar seguro que no hay más, que ella sola ilumina calles enteras. El mundo es mejor con ella. Es…es una estrella que todo mejora. El más hermoso contenedor de luz, color… La mejor musa que alguien puede siquiera imaginar.

-Entonces, en resumen, ¿vale la pena dejar de escribir por ella?

Él le da un trago a su vaso, lo deja en la mesa, mantiene la mirada baja, frunce el ceño juega con el vaso.

-¿Lo vale?

Finalmente alza la vista, ve a la mujer que lo cuestiona. Mira que no es multicolor, ni brilla ni se le ha ocurrido un verso tan solo con verla.

Se va.

 

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