La historia de su primer beso, es también la historia de su primera vez. Sí, en la misma escuela de la primera vez que se vieron, aunque ninguno lo notase. De la primera vez que hablaron, él la juzgo de fresa y ella supo que lo quería para coger; y de la primera vez que estuvieron juntos y solos, que de hecho, fue lo que sucedió antes de su primera vez.

Un ataque de hormonas, gestado a raíz de plática sobre pintura, literatura, diseño y política. Él juraba que mujeres tan bonitas, sólo podían ser huecas; y las mujeres interesantes, eran feas. Nunca lo va a admitir, tampoco le dirá de todas las veces que le hizo honores nocturnos, mientra que él sí sabe de todos los poemas y fotos eróticas que ella le dedicó.

Se quedaron solos, ella se acercó y no paró hasta convertir lo casual en una batalla por quién lograba arrancar más gemidos. A discreción del lector decidir si ganó él, por hacerla venir con pocas metidas y antes de él terminar; o ella, por provocar un sonoro orgasmo, en menos de 10 minutos, utilizando sólo lengua y dientes.

Originalmente publicado en Muebles e Interiores

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One thought on “Quédate con tu flor.

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