Fue la reina.

Salta por la ventana pero asegúrate de caer en la rama dorada plateada de ese árbol. Con las manos, muévete tres espacios a la izquierda y suéltate para caer en la casa vertical del perro. Encoje las piernas y camina hasta que haya una esquina que doblar, ahí podrás estirarte mientras bajas tres escaleras de caracol, cada una empieza donde termina la otra, pero no te bajes la cuarta o volverás al cuarto de la ventana. Camina diez pasos, da tres brincos, esquiva los perros aunque no temas, acaricia los gatos, besa el conejo, toma el té, tira los panecillo, sube al reloj de cu-cú, cuenta hasta mil, cierra los ojos y despertarás en tu trono de concreto, con tus súbditos y tu corte real observando. Serás la feliz reina del mágico país mientras, en aquel cuarto, personas observaran por la ventana tu cuerpo estrellado contra el concreto.

Originalmente publicado en:

Citas y Letras

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Littlest things

…aunque yo diga que tengo mala memoria. Para cosas de exámenes, nunca se me dio, aunque las fórmulas, de matemáticas, física y contabilidad, no se me volaban en el momento. O casi no lo hacían. Pero hablo de esa buena mala memoria que, al mencionar un pastel y un chocolate, me recuerda el chocolate de la primera vez, el eufemismo y el pastel que nunca llegó. Corte espacial a una fogata, y a una pulsera olvidada. Nunca a Placebo, aunque siempre a Placebo, en la primera vez, el día antes de la pulsera y mientras escribo. Volviendo al pastel, el recuerdo de una caguama modelo tamaño familiar, 5 minutos después de haber tosido como perra y una media hora después de haber dicho Estoy tomando antibiótico. Caguama es cerveza, cerveza es alcohol, y ron fue lo que tomé antes de viajar y enfermarme de faringitis, o laringitis ¿ven la mala memoria? Recordar las inyecciones, me recuerda el ron otra vez, y el regalo que di, un disco empaquetado en una bolsa de cookies and cream, como el de la primera vez. Un disco que resultaba casi imposible y que aún conservan aunque lo haya regalado yo. El vestido que llevaba, y ahora recuerdo en qué otro día lo usé, recuerdo  los compañeros, la no broma,  la pulsera otra vez, otro día, uno en que no usé vestido, la sutil pedrada, esta otra sutil pedrada.

Los siguientes dos párrafos, también son culpa de la buenamala memoria.

Ese artista, años después, tocando mientras frente a mi alguien fumaba y tomaba fotos, me tomaba fotos. Ese alguien ahora está de verdad contento y feliz (y casado) con la chica de la guitarra esa que soñé. No, en realidad no es ella, sólo que después de terminar, soñé con ellos y en el sueño dije ¡La chica de la guitarra, la que he estado soñando! pero no es, nunca la he encontrado. ¿Qué les decía? De la mención de un pastel y un chocolate, al recuerdo de la chica flor que ahora sueño. De ella a las flores en general, a Sonora, a UMI. Del miedo al compromiso y cómo convertir malas decisiones, en decisiones a secas.

Littlest Things de Lily Allen me hacía llorar hace un año, más o menos, y debería ser el titulo de este post*. La vuelvo a poner mientras recuerdo las cocheras, las salas, las cocinas, las camas, la cama que no recuerdo del todo, el pastel que no tengo, las lagrimas estancadas, las risas malbaratadas, las caricias legítimas, los besos, los dulces, los bubulubus, la carretera, Caramelos de cianuro, los hermanos, la familia, el desamor y todo lo que se quedó fuera de este post.

(Esta entrada se llama distinto en Muebles e Interiores)