Rollercoaster

En el momento en que entré al parque me dieron un globo multicolor, de esos que parecen brillar o al menos destellar con el sol,  y un boleto para la montaña rusa. Hice fila para algunos otros juegos, pero en cuanto alguien de seguridad veía mi globo, el listón era bastante largo pero me gusta enrollarlo en mi muñeca y tenerlo cerca, me sacaba de la fila. No era la única, había mujeres con globos rosas, azules, multicolores y a ninguna dejaban usar los juegos.

“De todas maneras tengo meses queriendo subirme a una montaña rusa ¿O son ya años?” No necesitaba pensar si días o semanas, necesitaba encontrar esa montaña rusa. Encontrar, porque en la primera que vi, sólo dejaban subir a personas sin globos.

Cuando llegué, no todas las mujeres tenían globos. Tampoco había solo mujeres. Todos estaban cuidando algún globo, eso sí. Resultaba obvio que algunas mujeres eran madre e hija, o abuela e hija. A mí me resultaba obvio que algunas mujeres eran hermanas, y otras parejas. Creo que había una pareja de hombres cuidando el globo de una muchachita asustada. Y por supuesto, no era la única sin compañía.

La fila no era tan larga, sobre todo si la comparaba con el resto del parque. No tardamos mucho en comenzar a abordar los carritos. A mí me tocó en el primer carrito del segundo grupo de carritos. Pregunté si de hecho podían ir los carritos unos tras de otros, me contestaron que así ha sido y será por años. Sonreí.

En las primeras curvas y subidas del paseo todo iba bien. Algunas personas gritaban, y otras llevaban casi aprisionado su globo. El mío seguía enrollado en mi muñeca. Una bajada, una vuelta, una subida… y mi carro comenzó a detenerse; el espacio entre un grupo y otro se agrandó y hubiera seguido de no ser por las personas detrás de mí, que me empujaron. Sigo pero noto que es muy apenas, muy forzado.

Me concentré en respirar y no entrar en pánico. Eso funcionó, hasta que no. El final era un tramo recto, como para tomar impulso, y luego hacia arriba. Vi a las primeras, era como si el carrito explotara en el aire, como lo que se ve de los fuegos artificiales. Hice lo mismo que todas, pero no llegue tan alto como ellas, y mi globo ya no se veía tan resplandeciente. Yo sonreía igual o más que algunas. Pantallas enormes listaban los nombres de las mujeres que llegaron antes y después de mí. Número de aparición, nombre, y al final un número entre 36 y 40. Junto a mi nombre había un 36.

Después de eso, mi globo se soltó. Volteé de nuevo a la pantalla para ya no ver mi nombre. Dejé de sonreír al no ver mi nombre, ni mi globo. Dejé de sonreír al no entender por qué mi globo había dejo de resplandecer, por qué ya no lo tenía y por qué no estaba en la lista si yo también había llegado.

-fin del sueño.

El día que soñé esto, me desperté con esa misma sensación de ¿y mi globo? Entonces intenté unir las partes importantes, y por supuesto que parte de ese proceso fue escribirlo.

Puede que sea mi sueño más triste hasta la fecha.

Verde que te quiero.

Verde que te qiero. Sin coma, aunque ya dudé si la lleva o no… Primero te voy a decir que para quererte no necesito tenerte. Te lo digo más que nada para que exista en eso la referencia literaria que suavice tu corazón. Sí, es un intento de lo más desesperado por lograr que te quedes a vivir en la jaula que he puesto en el jardín.

Verde que te quiero en todas mis letras, a eso me refiero. Te escribo una canción, un poema, dos cartas, tres cuentos, una novela y te sigo invocando. Sigues llenando cada pequeño rincón de mi mente. Si cierro los ojos te veo desnuda mientras llorabas fuera del restaurant más lujoso cuando tu padre anunció su segunda boda; te aseguro que jamás has estado más desnuda. Te sueño sin ropa, tirada en mi cama mientras entro en ti y tú jadeas en mi oído, es el sonido más dulce, el recuerdo más cortante, el más insoportable.

No volverá, tú no quieres. Tú vas por ahí con la bandera de libre, y la bandera de dulzura y todos te creen y te insulto para que veas que tengo carácter aún, aunque eso sea otra mentira. Me estoy muriendo por tenerte otra vez, entre mis brazos, mis manos en tu espalda, en tu cintura, por todas partes, a todas partes contigo. Regresa, es una jaula de lo más hermosa, hasta dejo que recibas visitas. Pero regresa.

 

Verde que te quiero, y ya no sé ni cómo ni qué escribirte, pero no puedo parar.

 

Siempre tuyo.

 

Toda la vida, aunque me ignores.

 

TUYO.

Aeroplanos

El lunes 5 de octubre por fin cumplí mi deseo de ver a López Tarso actuando, y lloré en cuanto lo vi en el escenario. De verdad.

Manuel "el loco" Valdez. Ignacio "Super crush de ivie" López Tarso
Manuel “el loco” Valdez. Ignacio “Super crush de ivie” López Tarso

Cristo. Paco.

Aeroplanos es una obra sobre dos amigos, Francisco y Cristóbal, que se conocen desde los 8 años, y ahora están pegando a 90. No es sólo toda una vida, es un chingo. Por supuesto que sus personalidades son dos lados de la misma moneda [no importa si a esa moneda le damos el nombre de adultez, vejez o vida]  curiosamente si a mi me contarán la vida de cualquiera, erraria al asumir que entonces ese es el cascarrabias/contento de la historia. Muestra de que la personalidad ya la trae uno, sin varias mucho según lo vivido. Al menos con este par.

Paco y Cristo son los únicos en escena, pero a través de llamadas y anécdotas  es posible conocer  gran medida de sus universos. Paco convive muy parejo con su nieto y amigos, es el abuelo que los escucha ensayar jaz y habla de cómo conquistar mujeres, asegurando que no ha dejado de hacerlo. Cristo vive con  su hija, es viudo y siempre fue fiel a su esposa, pero sale desde temprano a comprar su progol, a platicar con gente, a no estar solo. Hace poco leía una columna de opinión sobre los nuevos sexagenarios. La imagen de “adulto mayor” no concuerda con la actual generación a quienes les corresponde el beneficio. Estoy de acuerdo con la columna porque la mayoría de los sesentones que conozco, se la pasen viajando, visitando amigos, familiares, con la energía para lidiar nietos

¿Qué pasa entonces si al llegar a la máxima adultez, uno es perfectamente capaz de valerse por si solo… Pero la idea de quedarse solo es aterradora? A esa edad, más que a ningún otra, la soledad puede llegar cualquier día en forma de muerte. Amigos, compadres, amantes, esposas… cualquier día se cumple la única apuesta segura en esta vida.  A uno de ellos, la idea lo aterra; al otro, también. Ya sólo quedan ellos en edad adulta, edad de cuidados, de asilo, de soledad, de esperar la muerte, de tener miedo propio y ajeno.

Todo esto Aeroplanos lo muestra de una manera cómica, pero sin ser caricaturesca. Las emociones están ahí, las resoluciones que sorprenden pero que ya viendo el todo, tienen sentido.

celosceloscelos

Mi momento favorito fue el del trofeo [no quiero spoilear]. Un gesto sumamente infantil para redondear el mensaje de que la vida es un momento, la edad es un número.