Pequeña Victoria.

Dos años después él sigue volviendo, cada treinta días, al lugar donde se conocieron. El lugar donde ella le habló un día, donde eventualmente se volvieron amigos; donde se abrazaron por vez primera, donde él sintió la necesidad de expresarle amor, donde ella lo rechazó; donde la vio por última vez.

Un mes después de que ella desapareció, le llegó a su casa una postal y un”lo siento. Siento decir que te lo dije, siempre me voy primero.” Él le mandó una postal de “no tienes que disculparte… Pero, ¿puedes volver? ¿Quieres?” Envió postales a esa dirección por meses, lo único que recibió fue todas de vuelta al remitente; todas menos la primera.

Hubo una vez que no volvió a ese lugar en el día treinta. Pero al treinta y uno, se despertó de repente, angustiado, preocupado, corriendo hasta al lugar. No había nadie, mucho menos ella. Pero él pasó todo el día ahí.

Eran otros treinta días, dos años desde que se fue, cuando alguien llamó su atención. Nunca había sentido tanta ansiedad y miedo de voltear.