Trabajar de lo que dejará dinero suficiente para poder irse en cualquier momento. Así lo había aprendido de su ex, del ex que había pensado alma gemela y por siempre. Vivieron en varias ciudades juntos después de todo, e incluso cuando no estaban juntos. Pero no era una relación exclusiva y ella se sintió muy tonta como para enojarse cuando le dijo que había  estado viendo a alguien, y que ahora iban a tener un bebé.

Él se quedó y ella se fue porque, ¿qué más podían hacer? No quería irse, no. Estaba enamorada de la ciudad, le gustaba su vida ahí pero, no se imaginaba volviendo a los lugares comunes, lugares donde al menos ella fue feliz, incluso si fuese por casualidad. Lo pensaba, pensaba en el momento cuando lo extrañaría tanto que iría a estar café, ese que nunca le agradó del todo, sólo porque ahí habían ido el primer día en esa ciudad; o en un loop de pasar por una calle en especifico, a una hora exacta, sólo por la posibilidad de verlo; lo pensaba y lo odiaba, detestaría ser esa persona entonces, la única opción era irse. Siempre había dinero para irse.

Le gustaba la nueva ciudad, le gustaba el trabajo cerca de un parque y le gustaba el estanque de patos en ese parque. Había notado a un joven que también iba casi diario a ese estanque, y un día decidió hablarle porque vio una promoción 2×1 muy buena como para dejarla pasar. Aunque la dejaron pasar cuando él pensó que era una primera conversación muy extraña, incluso pensó que sólo lo hizo para poder hablarle. Ella nunca lo culpó: sí sonaba a excusa. Él, pasado algunos días, lo uso como rompehielos.

Eventualmente, fueron por esa promoción y muchas otras. Amigos. El concepto de amigo ya era un tanto ajeno para ella, la única amiga vive en la misma ciudad que el ex y siempre intentaba contarle sus novedades, y de la esposa, y del bebé. Amaba a su amiga, pero estaba cansada de esa actitud bien intencionada. Ahora tenía un amigo, y sentía muy bien de tener alguien para platicar, salir, hacer tonterías, y lo que fuera, aunque fuese nada.

Se le declaró un día, y ella sintió el pánico de que todas las relaciones terminan, y mal. Al menos de sus relaciones pasadas no se salvaba ni una y le dio mucha tristeza pensarse sin su amigo. Ni siquiera se detuvo a pensar si lo quería o no, sabía que lo quería en su vida y para eso mejor ser amigos, más sencillo, más cómodo, menos complicaciones y decepciones. Él aceptó. Ella fue feliz.

Hasta que un día se fue. Ni ella sabe por qué.

Incluso después de eso, el siguió queriéndola.


{parte 1} Sí, sí tiene final y no es este.

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2 thoughts on “Pequeña Victoria II.

  1. ¡¡¡ Menos mal que no es el final de la “parte 1” !!!

    A veces…., es mejor dejar las cosas sin terminar, como que se quedan más misteriosas y atractivas.

    Esta segunda parte me suena a las telenovelas lacrimosas de la tele ufffffffffff por diossss

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