Estuve días intentando recordar si hay que volver a los lugares donde uno fue feliz, o evitarlos como si estuvieran infestados de mosquitos. Sigo intentando recordarlo, mientras escribo esto pienso que debí preguntar… y que no importa porque de todas maneras terminé ahí. De repente ahí estaba ese local, y aquel otroel negocio que ya no existe y toda la calle hasta la avenida, hasta decidir que volver a caminar esa calle/avenida sería bueno porque…

…Total, en esa caminata tenía dos opciones, tomar el siguiente transporte o seguir caminando a ese punto exacto y “curioso” que es ambas cosas: donde fui muy feliz, donde fui muy triste. Entonces terminé ahí, pensando en qué banca habrá sido, en qué día, a qué hora, cómo es que nunca jamás le tomé fotos al templo que lo vio todo.

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Después de las fotos me quedé en una de las bancas, la única con sombra y no ocupada. Tenía hambre, y la mente bastante dispersa por otro asunto de muy feliz/muy triste. No estaba viendo algo específico, y fue entonces cuando se me apareció una chica flor. Tal vez ni siquiera era y ahí estoy haciendo contacto visual con una completa desconocida. Digo, obviando el hecho de que la mentadísima chica flor tampoco me conoce. Me quería reír del posible juego del universo, de ponerla frente a mí tan sin esfuerzo.

Resulta que  chica flor, es alguien que me describieron como infinitamente hermosa, interna y externamente, casi perfecta. Aunque la persona admitió que tal vez simplemente la estaba viendo con ojos de amor, me imaginé una flor, alguien que llama tu atención y te atrae, que quieres cortar y llevarte contigo pero sabes que lo importante es la raíz, dejarla donde está, regalarla, cuidarla, verla crecer. Es musa indirecta de algunos escritos en este blog; vi su foto y tuve que soñarla, luego sólo pude escribirla. No se mucho de ella pero se volvió una actriz en mi teatro mental, igual que la ya muy lejana chica de la guitarra (ese post tiene tantos pero tantos guiños, y tan dispersos)

Naturalmente, no tengo manera de saber si era ella, una gemela perdida, o que las jaliscienses se parecen entre sí. Decidí que para ser chica flor, le faltaba pierna, labial rojo y mirada fulminante. Fue cuando rompimos contacto visual y mi estómago rugió por atención.

Seré honesta como no me salió ser ese día, en gran parte porque me parece muy patético: el resto de la tarde, mi teatro mental estuvo a tope con aquella dualidad feliz/triste, con chica flor, la morra que envidio y un pedazo de plática que fue más o menos “No me caen muy bien las tapatías. Eso de que siempre me han dejado por alguna tapatía o jalisciense…” “¿Cómo no te caen bien si son tan sensuales?” “… No escuchaste lo que dije ¿verdad?”.

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