Empezó a llover en el momento en que ella empezó a llorar, que también fue el mismo momento en que él salió de la ciudad con plan de nunca regresar. La lluvia siguió por tres días, con casi incontables perdidas materiales, algunos animales arrastrados por la corriente, y algunos animales humanos arrastrados por la tontería o imprudencia. Ella no lloró tres días, y él sí se acordó de ella al escuchar la noticia. Su prometida le preguntó si conocía el lugar y él dijo que había estado ahí alguna vez, nada importante dijo. Al cuarto día todo era calma. A los treinta días ya casi nadie se acordaba de ayudar a los que habían perdido con las lluvias. Ella todavía ayudaba a algunas personas, pero es que ella no tenía mucho más que hacer y sí contaba con los recursos. Cuando le agradecían y decían que se merecía una buena vida por tanto buen karma, ella se imaginaba volver a verlo algún día, en un café o un bar, cada uno cargando su baúl de recuerdos compartidos, cada quien dispuesto a juntarlos de nuevo. Sabía que no era posible, lo sabía todo, pero la razón no debería detener a la imaginación. En casa de ella todo era silencio desde aquel primer día de lluvia. No había televisión, ni música, ni compañero de sentimientos, ni vida.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s