Reverencia y final. 

Era el último día de su relación, lo sabía. Se puso un vestido azul marino, unas zapatillas negras, y una amiga se encargó de maquillarla y peinarla. Él se veía guapísimo con el cabello y la barba recien cortados, solo a ella le gustaba cómo se veía así, todas sus amigas le decían muy en serio que nunca se resurara. Le agradeció el gesto y él solamente sonrió. Para ella fue una señal más del fin, un último gesto amable. 
Se suponía irían al cine, pero en el camino entre el estacionamiento y la plaza, se toparon un grupo de teatro callejero. Él quiso quedarse, dijo le recordaba a una de sus primeras citas, ella casi llora, casi considera que esta relación todavía tiene vida. Casi. 
Después de eso decidieron pasear por un parque cercano, como habían hecho tantas veces que sus citas consistían en caminar, hablar mucho, y preguntar más.Alguien vestido como gitana se acercó a ellos ofreciendo leerles las cartas. Ella aceptó, él solo siguió la corriente. Fueron las típicas adivinanzas de buena fortuna, dinero, éxito inmediato, envidias, buenas amistades. La última carta hizo que la adivinadora se disculpara, auguraba un divorcio. Ella se concentró en asegurarle que no pasaba nada, y él no dijo nada solo tenia una expresión en el rostro que ella leyó como incredulidad, tanto de la adivinación, como del malestar de la mujer por su lectura. 
Se sintió un poco triste de que el restaurante para cenar no fuera el mismo de su primera cita, aunque si fue dónde celebraron sus cuatro aniversarios. Cuando ellos aún no terminaban de cenar, a la pareja de la siguiente mesa le sirvieron el postre, el pastel de la movía en vez de fresa, o alguna fruta, tenía un anillo. Aceptó, ambos no lo podían creer, y se respiraba felicidad. A ella le pareció bastante poético que otra pareja tomará el escalón siguiente, mientras ellos abandonaban del todo la escalera. Sí, era un buen último día. 

-¡Vaya, no pensé que la gente se comprometiera un día cualquiera! 

Ella realmente no le había estado prestando atención, así que sólo se encogió de hombros, – supongo ya lo habían hablado, supongo él cargaba el anillo para entregarlo en cualquier momento. 

-¿Crees? 

-No creo que esas cosas sean de “Me despierto un día, compro un anillo, pido matrimonio”. Hay cosas que hablar y saber antes. Considero. 

-Bueno yo tampoco creo que sea tan así pero, pero… -Quedarse a mirad de una frase realmente no era su estilo, así que ella volteó finalmente a verlo. Antes de poder preguntar si le pasaba algo, su vista se encontró con una caja azul marino, un brillante anillo dentro. 

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¡Felices caries!

Lo quería titular “Día de la desesperación” pero si después lo lee alguien que no capte la referencia, iba a quedar muy dramático. San Valentín, o San Caries Day… Pues no, no tengo mucho que escribir al respecto. Estaba viendo mis recuerdos de FB y por supuesto que ninguno dice lo mucho que asocio SCD con desesperación.

Recuerdo dos y ambos han sido muy desesperados. Desespera(nza)damente haciendo estrellitas de papel, con tal de no pensar en “algo”… y ese “algo” fue que mi plan universitario ya no iba a poder ser. Desespera(nza)damente escribiendo para terminar el borrador final de una tesina que siempre sí era de aquella misma carrera, y a lo mejor no debió haber sido pero qué esperamos si en vez de pensar, me puse a doblar papelitos de colores.

Que ambas cosas sucedieran por fechas similares es, claro, mera coincidencia y hay bastante vida entre una cosa y otra.

¿Este año? Este año estoy igual de Desespera(nza)damente intentando terminar mi segundo proyecto tejido sin tablita/telar. Lo primero fue una bufanda (que creo también termine cerca de otro SCD, pero ahí no estoy tan segura) hecha con agujas que hace poco volví a agarrar y no tuve ni idea de cómo carajos se usan; y esto que no se cómo se llama, pero es con ganchillo, es un proceso tan prueba y error que he usado tres ganchos distintos.

Aquel “algo” sigue danzando al fondo de mi mente,

pero ya no sé qué hacer con él.