¡Felices caries!

Lo quería titular “Día de la desesperación” pero si después lo lee alguien que no capte la referencia, iba a quedar muy dramático. San Valentín, o San Caries Day… Pues no, no tengo mucho que escribir al respecto. Estaba viendo mis recuerdos de FB y por supuesto que ninguno dice lo mucho que asocio SCD con desesperación.

Recuerdo dos y ambos han sido muy desesperados. Desespera(nza)damente haciendo estrellitas de papel, con tal de no pensar en “algo”… y ese “algo” fue que mi plan universitario ya no iba a poder ser. Desespera(nza)damente escribiendo para terminar el borrador final de una tesina que siempre sí era de aquella misma carrera, y a lo mejor no debió haber sido pero qué esperamos si en vez de pensar, me puse a doblar papelitos de colores.

Que ambas cosas sucedieran por fechas similares es, claro, mera coincidencia y hay bastante vida entre una cosa y otra.

¿Este año? Este año estoy igual de Desespera(nza)damente intentando terminar mi segundo proyecto tejido sin tablita/telar. Lo primero fue una bufanda (que creo también termine cerca de otro SCD, pero ahí no estoy tan segura) hecha con agujas que hace poco volví a agarrar y no tuve ni idea de cómo carajos se usan; y esto que no se cómo se llama, pero es con ganchillo, es un proceso tan prueba y error que he usado tres ganchos distintos.

Aquel “algo” sigue danzando al fondo de mi mente,

pero ya no sé qué hacer con él.

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Preguntas si he llorado por ti y la respuesta es sencilla, lo he hecho. ¿Quieres saber si he llorado por ti? He llorado por ti, a causa de ti, por tu falta de afecto, por tu exceso de control; he llorado por circunstancias cercanas a ti que no han sido tu culpa, ni tu problema. ¿No quieres preguntar mejor por mi descripción de Nena de lágrima fácil? Lloro por ti, por él lloré, por alguien más lloraré; pero sobre todo, al final del día, cuando a nadie le importa, lloro porque así soy, a causa de las flores, por exceso de hormonas, por falta de control, lloro por mi.

Lo que te hace grande

Esta canción la he puesto mil veces, y hace mil días exactos que no te escribía. Ya no te pienso, ni te inhalo, bebo o anhelo. Tal vez porque nunca fuiste para mí, o tus evasivas o mi miedo. Yo no sé, no entiendo, pero te extraño aunque tengo reconfortado que tú sin mí, vives y bien. En realidad vives mal y dejas mucho que desear, no de a gratis que seas la manzana podrida casi cáncer de varios, tal vez por eso dejé de pensarte, o el miedo, me late a que por miedo. Aquí estamos otra vez y el único motivo que se me ocurre es que, yo escribo cuando siento que me ahogo; y siento que me ahogo cuando no escribo. No soy tan buena ahogándome, después de todo ya aprendí a nadar.

*reconfirmado, no reconfortado.

Originalmente publicado en MeI

Tomorrow we elope

Hoy somos dos extraños viviendo en extremos opuestos del país que sólo se han visto en un monitor.

Hoy somos dos personas que deberían conocer a alguien local y dejar esas tonterías de estar enamorado de alguien que vive demasiado lejos.

Somos esos a quien todas las personas se sienten con derecho de llamar inmaduros y fantasiosos por sentir algo por alguien que no podemos tocar.

Los locos que platican hasta tarde y todavía sienten la necesidad de hablar en cuanto despiertan.

Los alucinados para quienes un par de días sin platicar vía webcam resulta increíblemente insoportable.

Hoy somos dos extraños y es una coincidencia que ambos estemos empacando para un viaje del que no hemos hablado con muchas personas. No es coincidencia que nadie sepa de qué se trata en realidad.

Hoy somos dos extraños que mañana viajarán a una ciudad extraña para ambos en donde nadie pueda juzgarnos nuestra decisión de compartir una vida.

 

Originalmente publicado en:

Citas y Letras

Muebles e Interiores

Minicuento

Esta boda se la había imaginado infinidad de veces. Siempre en distinta fecha dada la naturaleza de la relación tantas veces reiniciada, pero siempre el mismo tipo de iglesia decorada en rosas y dorados, querubines por doquier y un altar repleto de flores rosas, lilas y azules. De esos colores también, los vestidos de las cuatro madrinas, cada quien a su estilo pero deslumbrantes todas.

La novia, bella desde la sonrisa hasta los pies. Un bonito vestido strapple, drapeado en el pecho y recto en la falda, pero con mucho tul. Zapatillas y tiara plateada. Un velo sencillo, más por efectos dramáticos a la hora de llegar al altar y ser descubierta por el novio, quien estaría con lágrimas en los ojos desde el momento en que la viese entrar a la iglesia.

Tantas veces imaginó la boda, siempre supo que no podía acertar la edad de la novia. Los detalles básicos los adivinó bien, igual que la mitad de los invitados y la emoción del novio. Nunca imaginó que la novia sería otra.

 

 

Originalmente publicado en Citas y Letras y en  Muebles e Interiores

Después

Te regalo la ironía de decirle amor a quien le dije que aquí no habría amor, amor. Amor. Amor. No te quieres dar cuenta lo que me desconcierta que me digas amor, amor. Un día me paraliza, al siguiente me prende como ninguna otra cosa. Tú me vuelves loca, contigo me pongo loca. Tenemos las ganas exactas de sentirlo todo siendo nada. Nuestro primer beso fue uno que me robaste cuando estaba distraída, preguntándote sobre un libro. Después me abrazaste y eso es lo más romántico de esta historia en la que rara vez nos besábamos, menos aun lo hacíamos con ternura. Aún puedo sentir ese beso que me extraño, por inusual, porque el par de encuentros anteriores a ese, pueden resumirse en sexo. Ese beso casi robado, sin sutileza y con mordidas, igual que el primero, igual que cada uno que nos dimos estando solteros. Te dejé besarme porque quería un nuevo último beso. Me besaste, supongo, para decirme que pronto volverías a estar soltero.

Originalmente publicado en CitasyLetras

Timing is a fucking bitch

Está viendo un desfile de payasos, toreros, religiosos, charros, marineros y pescadores dirigirse a un cementerio. Es sólo una tradición en un pueblo olvidado por dios, él es sólo un extranjero quien no entiende lo que ve, mira con fascinación algo para él nuevo, que para mi es lo más normal.

-¿Se le ofrece algo más, señor?

Fue como si hubiese olvidado que se encontraba en un restaurante a la orilla del mar, a mitad del camino a un panteón. Le toma un momento pedir otra cerveza y cuando la dejo en su mesa me pregunta sobre el desfile.

-¿Viene de muy lejos?

No me dice de dónde, me cuenta que no se lo imaginaba así. Que vino buscando a una amiga, quien siempre le contaba historias de este lugar. Me dice que muchas veces quiso venir con ella, vivir esas historias, pero, durante esos mismos años, siempre buscó excusas para no entregarse a las ganas de arrancarle las ropas, abrirle las piernas y clavarle su hombría hasta que la lujuria los consumiera a ambos en un fuego que seguiría brindando calor durante años.

Por supuesto que no lo dijo así. Si hubiera podido expresarlo, no se hubiese quedado con las ganas. Pero que él siempre supo lo mucho que ella lo quería, tal vez incluso lo amaba. Hace tiempo ella le preguntó si sentía algo, si actuaría y pronto por que ya no podía seguir dejando la vida pasar por la promesa cada vez más ligera y carente de sentido, de que tal vez un día él por fin la querría lo suficiente para arriesgarse por ella. Esperaba su palabra, su mano estirará invitando a comenzar a caminar lado a lado, olvidando así los momentos amargos, incluido el saber que la cortejó por la emoción de sentirse deseado y ese primer pequeño gran desastre que casi mata la amistad.

Tomó tiempo, me cuenta, pero pudieron volver a ser amigos y luego, justo cuando ella por fin se sentía de nuevo cómoda en la relación de amigos, él le dijo que la quería. Se lo dijo cuando se despedía de ella para irse a vivir a otra ciudad, cercana pero lejana para una relación que estaría empezando. Por eso, dijo él, me repite a mí casi treinta años después, era mejor no ser.

Así se fueron los años, variaciones leves de la misma dinámica de estar juntos pero sin ser, siempre más un  juego que una resolución definitiva, hasta llegar a ese momento. Todo eso le recordó ella y no volvieron a hablar por años. Aunque al saber que la viene buscando, me es obvio que no respondió nada que importase, me cuenta como se quedó diciendo cuanto lo sentía mientras ella se alejaba. Se quedó pensando en eso cuando ella preparaba maletas, tomaba un taxi hacia la estación del tren que la llevaría a un destino sin él.

Esa parte él la sabe por amigos, mas no sabe lo que ella lloró, cuánto lo extrañó, la larga lista de amantes en un intento por dejarlo atrás. No se imagina eso, no se imagina que me yo ya sabía la historia, que mi tía me la contó muchas veces en los años desde que volvió al único lugar donde él podía ir a buscarla, aunque no supiera con certeza que ahí estaría.

Ni se imagina que esa mujer, mi adorada tía, murió días antes del desfile, todavía esperando que él se arriesgara. No se lo conté, le dije que sentía mucho oír su historia, que me gustaría ayudarle pero me era imposible; todo eso era cierto. Le deseé suerte en su travesía, le di algunas pistas falsas, desconocí a mi tía porque sus años de espera no merecían un final tan simple como lo sería él derramando lagrimas vacías en un bar. Le di esperanza de poder encontrarla, de poder reconquistarla, para tener certeza que le dolerá el golpe, que le dolerá saber que no gana quien no arriesga.

[“él y yo sólo sabemos amarnos en el mar”]

Originalmente publicado en Muebles e Interiores

El sueño.

No vas a saber responder. Cuando te pregunten qué sucedió, simplemente no vas a saber responder.

Viste que alguien estaba molestando a tu amiga, prácticamente acorralándola contra la pared, y supiste que tenías que hacer algo; no esperabas que fueses a terminar golpeando a alguien, eso fue mero impulso. Quizá decidas quedarte con esa historia, alguien estaba acosando a una mujer, alguien tenía que ser castigado, que hubiese una lección y consecuencia a sus actos.

Lo hubieras hecho por cualquier mujer, amiga o no; eso es lo más importante, que no lo hiciste por tratarse de ella, porque ella es sólo una amiga. La misma amiga que después te acompaña a la enfermería de la escuela, se queda contigo y no dice nada cuando la enfermera pregunta qué sucedió. De hecho, no dice nada hasta que se quedan solos en la pequeña habitación.

-Sabes que no podía no hacer nada. Sabes qué

-Yo lo sé. Lo sé. -Y de nueva cuenta ese silencio que darías lo que fuese por matar, pero tu mente está literalmente en blanco. -Gracias, no por golpearlo por… porque te importa ¿sabes? Ojalá dejara de molestarme.

-¿Crees que lo haga de nuevo?

-Pues sí, sabe que no es como… que no hay quién lo golpee siempre.

-Paloma siempre se queja de sujetos que la acosan en la escuela.

-A eso me refiero, en parte. Digo, ella tiene novio, todos saben que ella tiene novio. Así que ese sujeto volverá a molestarme en cuanto le deje de doler la cara.

-Al menos lo intenté.

-Lo golpeaste.

-Pues —Lo que fueses a decir, se pierde en el remolino de pensamientos y latidos agitados provocados por ella acercándose a la camilla en la que estás sentado, sólo que ella se queda de pie, toma tu mano y la examina por un momento antes de decirte que mires cómo quedo. -No se ve tan mal, ¿o sí?

-Pero se ve mal. -Sigue sosteniendo tu mano cuando levanta la mirada, se miran y se van acercando como en predecible y aburrida película, más aun dado que en aquel momento la puerta de la pequeña enfermería es abierta. Es la doctora que regresa con la radiografía y dice que todo está bien, que tienes que tomarte algunas pastillas para el dolor y pomada para la inflamación, pero no habrá mayores problemas.

Agradeces a la doctora y salen rápida y nerviosamente de ahí. Avanzan por los pasillos de la escuela sin tener que decir y te pateas mentalmente por no encontrar un tema, por siempre dejar que todo se ponga raro con ella, por estar tan al pendiente de ella. Algo te dice que no deberías. Más bien, los amigos que te han preguntado al respecto son quienes te dicen que no deberías, y menos si vas a continuar diciendo que son solamente amigos.

Incluso si ahora mismo, mientras caminan en silencio por los pasillos de la escuela, no lo parece, son amigos. Del tipo que puede platicar durante horas sobre cualquiera de los muchos intereses que comparten. Es sólo la amiga por quien golpeaste a alguien, y a quien has estado cerca de besar en repetidas ocasiones, sin que eso les borre la etiqueta y realidad de amigos. Es ella quien por fin rompe el silencio, diciendo algo que suena a “tengo que irme,” pero tu parece que has escuchado “bésame” y es justo eso lo que haces cuando se acerca a ti para despedirse.

La besas, como un impulso contenido, una olla a presión que se tapa y un día revienta. La besas con todas las ganas que intentas ignorar. La besas queriendo tocarla, acariciarla, tenerla más cerca. La besas hasta que ella te rechaza y sigue caminando en silencio. Tú caminas a su lado porque, como ya quedó claro, no sabes cuándo parar.

-¿Por qué – Pero no puede terminar de preguntar porque entonces llega alguien, llega a abrazarte, o para que la abraces y  le sonrías como idiota. -Hola Paloma.

-¡Hola! ¿qué te pasó en la mano?

No sabes que contestar, entonces ella lo hace por ti y tú quedas como el príncipe, el caballero de brillante armadura. Sabes que no dirá nada del beso nunca y te sientes peor que aquel idiota que la estaba molestando. No pasa mucho tiempo antes de que ella diga tener algo que hacer, que quizá es verdad, y te deja tomado de la mano con tu novia.

{fin}

Originalmente publicado en Muebles e Interiores

Quédate con tu flor.

La historia de su primer beso, es también la historia de su primera vez. Sí, en la misma escuela de la primera vez que se vieron, aunque ninguno lo notase. De la primera vez que hablaron, él la juzgo de fresa y ella supo que lo quería para coger; y de la primera vez que estuvieron juntos y solos, que de hecho, fue lo que sucedió antes de su primera vez.

Un ataque de hormonas, gestado a raíz de plática sobre pintura, literatura, diseño y política. Él juraba que mujeres tan bonitas, sólo podían ser huecas; y las mujeres interesantes, eran feas. Nunca lo va a admitir, tampoco le dirá de todas las veces que le hizo honores nocturnos, mientra que él sí sabe de todos los poemas y fotos eróticas que ella le dedicó.

Se quedaron solos, ella se acercó y no paró hasta convertir lo casual en una batalla por quién lograba arrancar más gemidos. A discreción del lector decidir si ganó él, por hacerla venir con pocas metidas y antes de él terminar; o ella, por provocar un sonoro orgasmo, en menos de 10 minutos, utilizando sólo lengua y dientes.

Originalmente publicado en Muebles e Interiores

Magia

Que te vaya bonito.

Que les vaya bonito.

Lo digo con sinceridad. Que si ella te gusta, tú le gustes.

Que si se gustan, se quieran. Que sepan quererse más cada día

y ninguno huya a la primer adversidad, que crezcan con ello.

Yo no tengo ni idea de cómo funciona  una relación duradera,

menos una sana como  espero sea la tuya con ella, así  que

sólo  puedo pedir que te vaya bonito.

Que les vaya bonito .

Si han de terminar, pido también  que  se recuerden bonito,

felizmente de saber que lo intentaron, que se atrevieron

a verse a los ojos, tomarse de las manos y saltar.

 

 

Originalmente publicado en Muebles e Interiores