Soñando contigo, parte 4.

Después de hablar con una de tus mejores amigas, me fui a dormir pensando en mi falta de motivación, en la fatiga “sin motivos”  que he sentido de un tiempo acá. Pensé en todo menos en ti, y te soñé.

En mi sueño, vivías con tu novia pero también  vivíamos juntos. No lo vi pero siento que yo te evitaba bien fuerte hasta ese día en que, por pura falta de ideas, me vi yendo a tu cuarto donde tranquilamente leías cómics. Nos saludamos, te pregunte quién era el héroe, me invitaste a leer. Aun cuando había una silla, me senté en tu cama creando la duda de por qué no me acostaba igual que tú. “Es que tu novia…” te reíste y me dijiste que ni estaba.

Leíamos, bromeabamos, me hacías cosquillas, tu amigo quien todo el rato habia estado ahí nos dijo consonas, yo dije “sí sé que  tiene novia eh“, me abrazaste más y entonces llegó tu ex. Hace poco conocí a tu ex y me faltó así  para enamorarme.

El final y el resumen de este 3er  sueño es que a nadie, más que a mi,  le importaba que tú, el tipo con novia estable, estuvieras en la cama quitándole el vestido a otra mujer. El 4to sueño fue un “AhHolaMuchoGusto” de tu novia a mi y un “¿ves? Jeje” de tu parte a ambas.

nota al pie: de los 4 sueños he escrito aunque en este blog solo encuentro el segundo 

That was just a lie.

Sueño intenso. Ya todos lo sabemos, o lo hemos incluso leído.

Sueño con desconocidos, o con conocidos con quienes jamás interactúo en la vida real.

No hace mucho soñé que ¿la mejor amiga? de un amigo, era también mi amiga y en lo que yo compraba la comida, a ella la secuestraron. Pensé contárselo a mi amigo, que al fin al cabos es un sueño y ya; solo que luego recordé quién es ella, yo y mi amigo en la vida real, entonces sonaba medio ardido. Es decir, no le pasaba nada feo, el secuestrador sufría un Síndrome de Estocolmo, pero inverso, y sigue siendo nada más un sueño intenso y batido, pero de todas maneras sobre-pensé tanto el si decirle o no, que al final mejor no lo hice.

Otro detalle del sueño, y que me gustaría que pasara, es que otro amigo salía con esta niña. Yo no lo sabía, de repente llegaba él todo preocupado y ocupado por encontrarla y salvarla. Al final del sueño, se re-encontraban en una escena digna de comedia romántica. Podría suceder ¿por qué no? al menos todos viven en Guadalajara, Jalisco. No es tan grande.

Sueño flores, sirenas, chicas con guitarras, ¿clases?, abortos, algunos viajes y los cinco gatitos más lindos y tiernos y que ojalá sean felices juntos por siempre.Sueño cosas que ojalá no se cumplan. Sueño cosas que ojalá no, pero sí porque estaría chilo poder decir “¡Hey, yo soñé eso!”.

Luego está la vez que soñé me daban en adopción, y un montón de batidillos más.Batidos que ahora, dos años después, no es que se hayan cumplido, pero se ven muy ordenados, lógicos, coherentes… Nada más le falta un detalle, uno que les contaría, pero no es real aún. Con un poco de mucha suerte, tal vez en octubre les cuente.

Avisos Parroquiales.

Okno.

*Dice WordPress que este blog ya cumplió un año. Ehm, en algún día antes del 20 de septiembre, pero después del 17. La verdad yo no me acuerdo, lo mantuve en secreto hasta el momento de cerrar el ciclo de Muebles e Interiores (octubre 3).

*Me siento mal cuando veo que hay visitantes diarios y muy pocos nuevos post. La inspiración se me ha escapado hasta de los sueños.

*También me siento mal porque no todos los post tienen punto al final del título. ¿Han notado?

Do I wanna know?

Estuve días intentando recordar si hay que volver a los lugares donde uno fue feliz, o evitarlos como si estuvieran infestados de mosquitos. Sigo intentando recordarlo, mientras escribo esto pienso que debí preguntar… y que no importa porque de todas maneras terminé ahí. De repente ahí estaba ese local, y aquel otroel negocio que ya no existe y toda la calle hasta la avenida, hasta decidir que volver a caminar esa calle/avenida sería bueno porque…

…Total, en esa caminata tenía dos opciones, tomar el siguiente transporte o seguir caminando a ese punto exacto y “curioso” que es ambas cosas: donde fui muy feliz, donde fui muy triste. Entonces terminé ahí, pensando en qué banca habrá sido, en qué día, a qué hora, cómo es que nunca jamás le tomé fotos al templo que lo vio todo.

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Después de las fotos me quedé en una de las bancas, la única con sombra y no ocupada. Tenía hambre, y la mente bastante dispersa por otro asunto de muy feliz/muy triste. No estaba viendo algo específico, y fue entonces cuando se me apareció una chica flor. Tal vez ni siquiera era y ahí estoy haciendo contacto visual con una completa desconocida. Digo, obviando el hecho de que la mentadísima chica flor tampoco me conoce. Me quería reír del posible juego del universo, de ponerla frente a mí tan sin esfuerzo.

Resulta que  chica flor, es alguien que me describieron como infinitamente hermosa, interna y externamente, casi perfecta. Aunque la persona admitió que tal vez simplemente la estaba viendo con ojos de amor, me imaginé una flor, alguien que llama tu atención y te atrae, que quieres cortar y llevarte contigo pero sabes que lo importante es la raíz, dejarla donde está, regalarla, cuidarla, verla crecer. Es musa indirecta de algunos escritos en este blog; vi su foto y tuve que soñarla, luego sólo pude escribirla. No se mucho de ella pero se volvió una actriz en mi teatro mental, igual que la ya muy lejana chica de la guitarra (ese post tiene tantos pero tantos guiños, y tan dispersos)

Naturalmente, no tengo manera de saber si era ella, una gemela perdida, o que las jaliscienses se parecen entre sí. Decidí que para ser chica flor, le faltaba pierna, labial rojo y mirada fulminante. Fue cuando rompimos contacto visual y mi estómago rugió por atención.

Seré honesta como no me salió ser ese día, en gran parte porque me parece muy patético: el resto de la tarde, mi teatro mental estuvo a tope con aquella dualidad feliz/triste, con chica flor, la morra que envidio y un pedazo de plática que fue más o menos “No me caen muy bien las tapatías. Eso de que siempre me han dejado por alguna tapatía o jalisciense…” “¿Cómo no te caen bien si son tan sensuales?” “… No escuchaste lo que dije ¿verdad?”.

Rollercoaster

En el momento en que entré al parque me dieron un globo multicolor, de esos que parecen brillar o al menos destellar con el sol,  y un boleto para la montaña rusa. Hice fila para algunos otros juegos, pero en cuanto alguien de seguridad veía mi globo, el listón era bastante largo pero me gusta enrollarlo en mi muñeca y tenerlo cerca, me sacaba de la fila. No era la única, había mujeres con globos rosas, azules, multicolores y a ninguna dejaban usar los juegos.

“De todas maneras tengo meses queriendo subirme a una montaña rusa ¿O son ya años?” No necesitaba pensar si días o semanas, necesitaba encontrar esa montaña rusa. Encontrar, porque en la primera que vi, sólo dejaban subir a personas sin globos.

Cuando llegué, no todas las mujeres tenían globos. Tampoco había solo mujeres. Todos estaban cuidando algún globo, eso sí. Resultaba obvio que algunas mujeres eran madre e hija, o abuela e hija. A mí me resultaba obvio que algunas mujeres eran hermanas, y otras parejas. Creo que había una pareja de hombres cuidando el globo de una muchachita asustada. Y por supuesto, no era la única sin compañía.

La fila no era tan larga, sobre todo si la comparaba con el resto del parque. No tardamos mucho en comenzar a abordar los carritos. A mí me tocó en el primer carrito del segundo grupo de carritos. Pregunté si de hecho podían ir los carritos unos tras de otros, me contestaron que así ha sido y será por años. Sonreí.

En las primeras curvas y subidas del paseo todo iba bien. Algunas personas gritaban, y otras llevaban casi aprisionado su globo. El mío seguía enrollado en mi muñeca. Una bajada, una vuelta, una subida… y mi carro comenzó a detenerse; el espacio entre un grupo y otro se agrandó y hubiera seguido de no ser por las personas detrás de mí, que me empujaron. Sigo pero noto que es muy apenas, muy forzado.

Me concentré en respirar y no entrar en pánico. Eso funcionó, hasta que no. El final era un tramo recto, como para tomar impulso, y luego hacia arriba. Vi a las primeras, era como si el carrito explotara en el aire, como lo que se ve de los fuegos artificiales. Hice lo mismo que todas, pero no llegue tan alto como ellas, y mi globo ya no se veía tan resplandeciente. Yo sonreía igual o más que algunas. Pantallas enormes listaban los nombres de las mujeres que llegaron antes y después de mí. Número de aparición, nombre, y al final un número entre 36 y 40. Junto a mi nombre había un 36.

Después de eso, mi globo se soltó. Volteé de nuevo a la pantalla para ya no ver mi nombre. Dejé de sonreír al no ver mi nombre, ni mi globo. Dejé de sonreír al no entender por qué mi globo había dejo de resplandecer, por qué ya no lo tenía y por qué no estaba en la lista si yo también había llegado.

-fin del sueño.

El día que soñé esto, me desperté con esa misma sensación de ¿y mi globo? Entonces intenté unir las partes importantes, y por supuesto que parte de ese proceso fue escribirlo.

Puede que sea mi sueño más triste hasta la fecha.

De la vez que tuve un sueño bien vergas.

Originalmente publicado en Muebles e Interiores

 

Soñé un montón de tonterías y de repente, Fulanito llegaba a mi casa para irnos a la prepa. Oh sí. Hablábamos un poco, él decía tener hambre, yo me ponía a comer sopa de fideo, él se quedaba con cara de “Muuuy bien pero, tengo hambre”; yo subía a cambiarme de ropa, él seguía con la misma expresión facial. Entonces, yo no encontraba mi maldito uniforme preparatoriano y no le encontraba lógica…¡A menos que fuese inicio de ciclo escolar, duh! Eso debe ser, me dije, y le dije a Fulanito, quien para ese momento me estaba contando otra vez que tenía hambre, y que si no nos íbamos pronto, no alcanzaríamos a comer como es debido.

Total, me puse una faldita gris y una blusa blanca, baje, Fulanito preguntó si por fin, y nos fuimos. Llegamos a la prepa, la misma de la vida real, y mientras Fulanito me tomaba de la mano, se me ocurrió ver el reloj para decir “Me parece que ya no llegué a la primera clase.” Fulanito dijo “Mejor ¿no?” Obviamente fue entonces cuando Fulanito me jaló y me dio EL beso. Super beso, de verdad. Ahí voy a preguntarle qué tiene y él responde que hambre “Bueno pues :)”

Nos fuimos a esta pequeña casa, entre recién abandonada o, simplemente, muy antigua, con ventanas ENORMES, camas pequeñas y, obviamente, ninguna cocina pero sí un comedor. Ya no hice preguntas tontas, sólo lo besé mientras él me quitaba la blusa y acariciaba mis piernas, para entonces comenzar a besarme las tetas. Se sentía bastante bien, al grado que no sé cuándo desapareció el resto de la ropa, pero sí sé que me serví más sopa de fideo.

Fulanito… Fulanito estaba encantado, yo diría, pero ya con demasiada hambre. Entonces, me puso sobre la cama, boca arriba, me mordió las piernas, lamió los labios, jugó con un par de dedos entrando en mi vagina, que luego reemplazó con su pene. Claro que tuvimos sexo, ¿qué más pueden hacer adolescentes  hambrientos en una casa vacía?

Lo hicimos una vez, luego otra y después pasó algo con las ventanas y algunos morritos de prepa, pero Fulanito los mandó a chingar a su madre y seguimos con lo nuestro. Eso, hasta que me dio sueño. Me acosté boca abajo en la cama, bostecé, él me dijo que durmiera un rato, había tiempo.

Cuando desperté, ya no estaba en la casita recién abandonada. Ni en la escuela, ni en mi casa. Estaba en un parque, acostado en el suelo y muy desorientada. Recordé lo del uniforme y decidí preguntar, vía chat de fb, sí era necesario/obligatorio llevar el uniforme al día siguiente. Seguí viendo mis mensajes, buscando a Fulanito, sin obtener respuesta clara de mi gran duda…y entonces caí en cuenta que esas personas, ni habían ido a la prepa conmigo, que ya ni siquiera estoy estudiendo y que, entonces, todo había sido un puto sueño. Uno muy real en sensaciones, pero sólo un sueño. Fue cuando vi que venía Fulanito y sentí mucho calor y algo parecido a vergüenza por lo que soñé.

Fulanito estaba así de tomarme la mano, justo como antes DEL BESO…y entonces desperté para darme cuenta que tuve un sueño dentro de mi sueño.

De verdad estoy bien enculada con este sueño.

Fue la reina.

Salta por la ventana pero asegúrate de caer en la rama dorada plateada de ese árbol. Con las manos, muévete tres espacios a la izquierda y suéltate para caer en la casa vertical del perro. Encoje las piernas y camina hasta que haya una esquina que doblar, ahí podrás estirarte mientras bajas tres escaleras de caracol, cada una empieza donde termina la otra, pero no te bajes la cuarta o volverás al cuarto de la ventana. Camina diez pasos, da tres brincos, esquiva los perros aunque no temas, acaricia los gatos, besa el conejo, toma el té, tira los panecillo, sube al reloj de cu-cú, cuenta hasta mil, cierra los ojos y despertarás en tu trono de concreto, con tus súbditos y tu corte real observando. Serás la feliz reina del mágico país mientras, en aquel cuarto, personas observaran por la ventana tu cuerpo estrellado contra el concreto.

Originalmente publicado en:

Citas y Letras

Muebles e Interiores

El sueño.

No vas a saber responder. Cuando te pregunten qué sucedió, simplemente no vas a saber responder.

Viste que alguien estaba molestando a tu amiga, prácticamente acorralándola contra la pared, y supiste que tenías que hacer algo; no esperabas que fueses a terminar golpeando a alguien, eso fue mero impulso. Quizá decidas quedarte con esa historia, alguien estaba acosando a una mujer, alguien tenía que ser castigado, que hubiese una lección y consecuencia a sus actos.

Lo hubieras hecho por cualquier mujer, amiga o no; eso es lo más importante, que no lo hiciste por tratarse de ella, porque ella es sólo una amiga. La misma amiga que después te acompaña a la enfermería de la escuela, se queda contigo y no dice nada cuando la enfermera pregunta qué sucedió. De hecho, no dice nada hasta que se quedan solos en la pequeña habitación.

-Sabes que no podía no hacer nada. Sabes qué

-Yo lo sé. Lo sé. -Y de nueva cuenta ese silencio que darías lo que fuese por matar, pero tu mente está literalmente en blanco. -Gracias, no por golpearlo por… porque te importa ¿sabes? Ojalá dejara de molestarme.

-¿Crees que lo haga de nuevo?

-Pues sí, sabe que no es como… que no hay quién lo golpee siempre.

-Paloma siempre se queja de sujetos que la acosan en la escuela.

-A eso me refiero, en parte. Digo, ella tiene novio, todos saben que ella tiene novio. Así que ese sujeto volverá a molestarme en cuanto le deje de doler la cara.

-Al menos lo intenté.

-Lo golpeaste.

-Pues —Lo que fueses a decir, se pierde en el remolino de pensamientos y latidos agitados provocados por ella acercándose a la camilla en la que estás sentado, sólo que ella se queda de pie, toma tu mano y la examina por un momento antes de decirte que mires cómo quedo. -No se ve tan mal, ¿o sí?

-Pero se ve mal. -Sigue sosteniendo tu mano cuando levanta la mirada, se miran y se van acercando como en predecible y aburrida película, más aun dado que en aquel momento la puerta de la pequeña enfermería es abierta. Es la doctora que regresa con la radiografía y dice que todo está bien, que tienes que tomarte algunas pastillas para el dolor y pomada para la inflamación, pero no habrá mayores problemas.

Agradeces a la doctora y salen rápida y nerviosamente de ahí. Avanzan por los pasillos de la escuela sin tener que decir y te pateas mentalmente por no encontrar un tema, por siempre dejar que todo se ponga raro con ella, por estar tan al pendiente de ella. Algo te dice que no deberías. Más bien, los amigos que te han preguntado al respecto son quienes te dicen que no deberías, y menos si vas a continuar diciendo que son solamente amigos.

Incluso si ahora mismo, mientras caminan en silencio por los pasillos de la escuela, no lo parece, son amigos. Del tipo que puede platicar durante horas sobre cualquiera de los muchos intereses que comparten. Es sólo la amiga por quien golpeaste a alguien, y a quien has estado cerca de besar en repetidas ocasiones, sin que eso les borre la etiqueta y realidad de amigos. Es ella quien por fin rompe el silencio, diciendo algo que suena a “tengo que irme,” pero tu parece que has escuchado “bésame” y es justo eso lo que haces cuando se acerca a ti para despedirse.

La besas, como un impulso contenido, una olla a presión que se tapa y un día revienta. La besas con todas las ganas que intentas ignorar. La besas queriendo tocarla, acariciarla, tenerla más cerca. La besas hasta que ella te rechaza y sigue caminando en silencio. Tú caminas a su lado porque, como ya quedó claro, no sabes cuándo parar.

-¿Por qué – Pero no puede terminar de preguntar porque entonces llega alguien, llega a abrazarte, o para que la abraces y  le sonrías como idiota. -Hola Paloma.

-¡Hola! ¿qué te pasó en la mano?

No sabes que contestar, entonces ella lo hace por ti y tú quedas como el príncipe, el caballero de brillante armadura. Sabes que no dirá nada del beso nunca y te sientes peor que aquel idiota que la estaba molestando. No pasa mucho tiempo antes de que ella diga tener algo que hacer, que quizá es verdad, y te deja tomado de la mano con tu novia.

{fin}

Originalmente publicado en Muebles e Interiores

Descontrol

Dices que eres un pervertido y se me calienta la sangre al recordar aquel sueño que nunca te voy a contar, que nunca será realidad. Ese donde me hablabas al oído, y siempre sin querer tu mano rosaba mi espalda, mi brazo, mis piernas. Bebíamos y bromeábamos con todos los presentes, la mayoría amigos tuyos. Fácil fueron 20 brindis, más de 5 shots de tequila, yo que soy tan nena para eso, y mucho cerveza, tal vez demasiada. Pero el alcohol no fue el detonador de esas miradas, de un extremo a otro de la habitación, cuando todos se disponían a dormir un poco. Nos vimos y sonreímos, nos fuimos acercando hasta darnos un abrazo y un beso en la mejilla. Así de cerca nos quedamos, así de lejos nos tuvimos. Te miré a los ojos y te sonreí, tu sonrisa era más grande y por un momento pensé decirte algo, pero cerraste el espacio entre los dos. Tus manos en mi espalda, mi pecho pegado al tuyo, tu saliva en la mía, mandando el espacio personal a la chingada, junto con los “motivos” para no acercarnos…

Acariciabas mi espalda, me decías “chiquita” y “bebé”, me dabas escalofríos en medio de un mar de besos. Nos quitábamos la ropa con toda la calma del mundo y como si estuviésemos solos en esa casa cerca del mar. El piso es arena, y el sillón es cómodo solo porque estás acostado encima de mí mientras tus manos exploran entre mis piernas. Siento que voy a explotar, pero es muy pronto y no quiero que esto termine, porque sé que es un sueño, que si despierto no vas a estar y que nunca te voy a poder contar cómo nos soñé.

Luego ambos nos pusimos bruscos, como si todo este tiempo hubiésemos estado cada quien desde su esquina calmando las ganas, sin saber que el infierno podía ser compartido. Solamente voy a hablar de besos, aunque ambos hicimos cosas mucho más interesantes con la boca antes de terminar sobre la arena.

Originalmente publicado en Muebles e Interiores

nox ambulāre

Lo soñé. No se si antes o después, todo se volvió tan confuso. Todo tan cercas y tan lejos de esa pequeña línea que divide la realidad de la imaginación. 

Estaba yo, y muchas batas blancas a mí alrededor, me escondía, gritaba, pataleaba, nada sabía y nada quería saber. Debajo de la mesa sólo escuchaba “no seguirá, no seguirá”. La imagen de un cuerpo tirado, zoom hasta debajo de la piel: al corazón. En el corazón una mecha ardiendo, se apaga, se sigue de un pitido mortal. Por primera vez me levanto pero sigo mirando a mis pies que en ese momento parecen esconder el secreto de la eterna juventud. No sé nada, no sé si quiero saber, no sé y no sé. Alguien me dice “¿no entiendes que ya no es está?” ¿Quién?. “Tu madre”. Levanto la vista por primera vez. Ahí está acostada, su cuerpo sin vida se desvanece, no quedan más que cenizas. 

Me levanto sobresaltada, ¿realidad o ficción?  Me ducho rápido, la veo y sigue viva, eso no me tranquiliza por que su muerte ficticia no fue lo que me descontrolo.

Es de noche, me revuelco en mi cama mientras en mi cabeza se repite la misma película. 

Ésta vez el final es diferente. Ésta vez mi cara dice que no me lo creo, que estoy triste. Pero mi alma grita por que ahora es libre. Una flor negra nace  en mí corazón.

—-

Soñado y escrito en 2006.

Originalmente publicado en Muebles e Interiores 12/11/11

Relato 11 en la antología AmorOdio